...seducción» es precisamente su existencia. Y sí, existe, y es mucho más grande de lo que uno podría suponer: cientos de miembros de toda Norteamérica se registran todos los días en FastSeduction.com o visitan el grupo de noticias alt.seduction.fast. Merced a la atención generada por él en los medios, Mystery es el que más sobresale entre las decenas de gurús que en la actualidad vende material educativo a cientos de dólares. Grupos de hombres se reúnen todos los meses en las salas de conferencia de hoteles y clubes de Norteamérica para aprender e intercambiar tácticas que creen que los ayudarán a conocer mujeres.

 

Para los anclados en el romanticismo, la historia de Mystery es significativa porque representa una etapa nueva de la forma en que la tecnología y la legión de búsquedas solitarias que ha generado alteran en su esencia el juego de las citas. Mystery y su cohorte representan una nueva clase de caballero; el objetivo final de sus miembros –el acto mismo de donjuanismo– es un giro de acontecimientos por completo diferente al sexo ocasional. ¿Cuál es la meta entonces? Una relación de afecto a largo plazo. Esta nueva clase de donjuán digital, en oposición a las generaciones anteriores, no desea tener sexo el sábado por la noche –o mejor dicho, no quiere tener sexo únicamente el sábado por la noche–: también anhela acurrucarse con una compañera el domingo por la mañana. Consultado acerca de la razón por la que sigue el método Mystery hasta tal extremo, uno de los discípulos más devotos del gurú ofrece una respuesta típica: «Tío, quiero una novia imponente».

 

Dicho esto, los consultores de citas no son algo nuevo. Educadores de aspirantes a amantes como Mystery ya pululaban mucho antes de que Cyrano de Bergerac contribuyera a cortejar a Roxana en la obra de Edmond Rostand (1897). Los libros que pretenden enseñarle a un sexo a atrapar al otro son imprescindibles en la industria editorial de auto-ayuda. Los ejemplos que se pueden comparar hoy en día incluyen el libro Las reglas: secretos para capturar el corazón del hombre perfecto, de Ellen Fein y Sherrie Schneider (1995), y la guía recientemente actualizada de Eric Weber, How to pick up girls (Cómo ligar con chicas). El padre de la «comunidad de la seducción» en Internet es Ross Jeffries, autor de Técnicas avanzadas para volver loco a un hombre en la cama (1992). La técnica de Jeffries ofrece lo que se llama programación neurolingüística, que se supone que atrae a las mujeres hermosas. Jeffries, cuyo lema es: «si no te hechas un polvo, no me pagas», cobra un promedio de más de 1.000 dólares por derechos de ingreso en los seminarios que imparte. Hacia mediados de la década de los noventa su comunidad de seguidores había establecido una próspera presencia on-line en un grupo de noticias llamado alt.seduction.fast, donde los incipientes calaveras intercambiaban historias de guerra y buscaban consejo respecto a cómo llevar a la cama al «sexo débil». Pero alrededor de 1998 su influencia dentro del grupo empezó a desvanecerse. Gran parte de sus consejos eran inútiles para una nueva generación de tenorios, quienes tenían mayor probabilidad de iniciar sus abordajes en clubes nocturnos que en cafés, supermercados y tiendas de vídeos, que era lo que Jeffries apoyaba. «Yo no frecuento clubes ni bares», reconoce Jeffries.

 

Mystery era diferente. Primero, dio con la «comunidad de la seducción» en septiembre de 1998, y su presencia allí le dio rápidamente un ímpetu nuevo a la actividad. Altseduction.fast –o ASF como la conocían sus frecuentes visitantes– se caracterizaba por tener una ética comunitaria. La mayoría eran cándidos mensajes de adolescentes y jóvenes de veintitantos años pidiendo consejo para abordar una cita. Advirtiendo que el tiempo que había pasado en los bares lo convertía en una persona mucho más experimentada en el ligue que la mayoría de los miembros del grupo de noticias, Mystery empezó a responder esas solicitudes, y muy pronto se hizo evidente que los consejos que impartía a los estudiantes de seducción contradecían gran parte del conocimiento convencional del grupo. «No le compres cerveza a una chica. No le compres una flor a una chica. No pienses en ligar con ella», le aconsejaba Mystery a un miembro. «Mejor piensa en atraerla». Entre Mystery y un veterano visitante conocido como Jimmy the Hun (Jimmy el Huno) –que casualmente también vivía en Toronto–, se desarrollaron una serie de hostilidades en forma de mensajes injuriosos o incendiarios. Mystery desafió a Jimmy a una batalla: se encontrarían en un club nocturno, y competirían para ligar con la mujer más hermosa. Como Jimmy no apareció, Mystery convenció al resto del grupo de noticias para que le hicieran el vacío y de esa forma consolidó el liderazgo de su reciente ingreso.

 

Desde un principio, Mystery prefirió mantener su edad e identidad real en secreto. Pero a medida que corrían los meses, le proporcionó a la por entonces novel «comunidad de la seducción» información habitual acerca de sus experiencias de ligue; esos informes también revelaban detalles de su vida. Mystery se ganaba la vida a duras penas como mago en fiestas empresariales y clubes nocturnos de Toronto, y de vez en cuando, en Los Ángeles. Medía un metro noventa y tres, de constitución delgada, pelo oscuro que le llegaba a los hombros, ojos color avellana y llevaba las uñas de las manos pintadas de oscuro; vivía en una zona suburbana, pero con frecuencia iba al centro de la ciudad a ligar con mujeres. En la época en que estuvo más atareado, en el año 2000, concurría a los clubes cuatro noches por semana y recibía un promedio de tres a cinco números de teléfono por noche. A lo que en la comunidad se hacía referencia como «el juego» era una compulsión que lo empujaba a actuar, pero Mystery nunca explicaba en qué consistía esa compulsión. Después de conocer a otros tres artistas del ligue, Mystery envió el siguiente mensaje al grupo de noticias: «Fue extraño conocer gente que comparte en la misma medida mi interés. Creí que era casi el único que padecía esa obsesión. Mis mejores amigos de Toronto toleran mi pequeño PU “pick up”(abreviatura de “ligue” en inglés), pero me parece que no comprenden el zen en que se basa… ME ENCANTA hablar de esta mierda y hacer que la gente que participa de esta obsesión la viva (sin pensar que está mal o algo por el estilo). Es fenomenal».

 

En el 2001, tres años después de que Mystery se elevara a un lugar destacado en la comunidad de seductores, empezó a montar seminarios que terminarían dándole fama de ser el artista más importante del ligue de Norteamérica. Pese a que sus razones personales para comenzar la «carrera de la enseñanza» eran sencillamente mercenarias, Mystery logró darle un sesgo positivo a esas clases de educación novel para aparentar que cedía ante las demandas del público. Aquí, Mystery siguió pasos minuciosos para proteger su identidad, estipulando incluso que sus futuros alumnos firmaran un acuerdo para no revelarla, y los estudiantes respondieron con entusiasmo. «Fue un taller muy bueno y vale la pena sin duda alguna. Me parece que puedo adquirir las destrezas y el conocimiento que recibí… y dentro de uno o dos meses, después de practicar un montón, convertirme en un grande del ligue de bares y clubes», le notificaba un participante al grupo de noticias.

 

Un sábado no hace mucho en Manhattan, unos veinte hombres se reunieron en una sala de conferencias del Hotel Marriott para recibir instrucción en el Método Mystery. Entre ellos se encontraba Bob Williams, un contable de treinta y un años que aquella mañana había venido expresamente desde Washington, D.C. y que disponía de cinco horas para recibir lecciones del maestro. «Esperaba entrar a una habitación llena de perdedores», dice Williams. «Pero había una auténtica mezcolanza de gente, casi todos tenían carreras exitosas. Es decir, no eran exactamente un modelo para la revista GQ, pero había una mezcla amplia de todas las edades y tipos.»

 

Durante los tres años transcurridos desde que comenzó con sus lecciones, Mystery ha desarrollado una jerga y un repertorio pormenorizado de tácticas, de los que Williams aprendió mucho en Nueva York. Por ejemplo, una «HB9» es una mujer atractiva; HB significa en inglés «hot babe» (tía buena) y el 9 se refiere a la apariencia en una escala de diez puntos. «Pavonearse» es vestirse de manera extravagante para atraer la atención de las mujeres guapas (es la razón por la que Mystery se pinta las uñas; también lleva un sombrero de copa y botas con plataforma que aumentan su altura a más de dos metros). «La idea no es encajar, sino destacarse», dice. Las clases educativas se desarrollaban de dos maneras: los talleres son reuniones en las que los estudiantes se reúnen en grupos de hasta seis personas, además de Mystery, que salen a clubes para tratar de conocer mujeres. El seminario al que Williams asistió era más amplio, de dos días, con el mismo formato de una clase en un aula. Los dos tipos de seminario se han llevado a cabo a lo largo y ancho de Estados Unidos, Canadá y Europa, en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Londres, Amsterdam y Montreal.

 

La parte sustancial de la educación de Mystery respecto a la seducción –el Método– es un sistema gradual que pretende que sus profesionales atraigan a las mujeres más guapas de un bar o de un club, independientemente de que esté con amigos del sexo masculino, con compañía femenina o con ambos. Las clases incluyen dinámica de grupos, lo cual es importante porque los demás consultores basan sus consejos en situaciones en las que el artista del ligue se dirige a una mujer solitaria, condición en la que la hembra se encuentra muy raramente en la jungla de un club urbano.

 

Formulada con la terminología característica de la comunidad, que toma prestado de forma libérrima vocabulario proveniente de la cultura pop, las artes marciales y metáforas atléticas y militares, lo esencial de su orientación equivale a lo siguiente: una vez que un artista del ligue identifica a una mujer atractiva debe infiltrarse en el grupo en el que está. Al contrario de lo que dicta la intuición, debe ignorar a la mujer en cuestión y entablar amistad con los conocidos de ella. Y si está acompañada de hombres, el artista del ligue –al que Mystery se refiere como PUA–deberá hacer amistad primero con los hombres, y lo explica así: «Ustedes guían al hombre, las mujeres van detrás». Mystery aconseja ignorar al «blanco» a toda costa. Sólo cuando el PUA ha ganado la confianza de los amigos de la mujer, debe urdir la presentación. Poco después, el PUA debe asestar un «golpe negativo» o un acicate verbal inofensivo: «Bonitas uñas, ¿son de verdad?». Mystery cree que semejante broma sirve para diferenciar al artista del ligue en el cerebro de su objetivo, cuya bella apariencia significa que está habituada a suscitar la admiración de los machos con los que se encuentra en lugar de esperar una réplica ingeniosa.

 

El núcleo del método Mystery es una serie de rutinas previamente ensayadas que el artista desarrolla con sus clientes. Las «rutinas», que en realidad son nada más que anécdotas, tienen la intención de destacar los aspectos atractivos de la personalidad del cliente. A menudo expresan respuestas a las preguntas tradicionales en una situación de ligue. Si por ejemplo, el objetivo le pregunta al practicante del Método dónde vive, Mystery podrá sugerirle al cliente que se sirva de eso para hacer un relato ingenioso de los aspectos negativos que implica residir en el barrio en que él vive. Mystery aconseja después «aislarla» de sus amigos, quizá con un pedido cortés para hablar en la intimidad, una indagación que Mystery les dice que hagan sólo cuando hayan percibido varios «oh» o señales de interés. Lo que Mystery llama «el cierre» entraña obtener el número de teléfono del objetivo. El cliente lo puede lograr interrumpiendo abruptamente la conversación con una excusa inventada (quizá una cita previa) para continuar diciendo que lamenta no poder quedarse para hablar más tiempo. La esperanza está puesta en que, para entonces, el cliente haya atraído tanto a la chica como para que le ofrezca el número de motu proprio. Como respuesta al antiguo dilema de cuánto debe demorarse antes de telefonearle a una cita potencial, Mystery les aconseja a sus clientes hacerlo el día siguiente mismo.

 

Williams salió impresionado de las enseñanzas de Mystery. «Fíjate», dice, «yo sería el primero en decir que esto es una trampa, pero al mismo tiempo es un consejo práctico. Él no predica que el problema se arregla deprisa; dice que te enseñará sus técnicas, y que con el tiempo podrás avanzar.» Williams tiene razón en una cosa: a diferencia de muchos agentes de citas que presumen de que sus enseñanzas te llevarán rápidamente al éxito, Mystery aboga por el valor del trabajo perseverante, y recalca que su sistema requiere de por lo menos 200 «acercamientos» antes de que uno sea realmente competente.

 

Para Williams, que describe su propio estilo personal como de «república bananera conoce a un metrosexual», el seminario funcionó. Durante la estancia en Nueva York, se alojó en el chic Hotel Boutique W; en un bar, se acercó a un par de mujeres de piernas largas, una pelirroja y una morena, que resultaron ser hermanas y Williams finalizó el encuentro obteniendo un número de teléfono. «Estoy seguro de que no me habría acercado a ellas si no hubiera estado en el seminario», dice.

 

Mediante la organización de esos seminarios Mystery ha logrado crear una veneración de su personalidad que ha demostrado poseer una lealtad perdurable. Muchos de los seguidores parecen tan devotos como los discípulos del personaje de Brad Pitt, Tyler Durden, en la película de culto del año 1999, El club de la lucha. Pero muchos de ellos no le otorgan sólo el crédito de contribuir a fomentar la habilidad de ligar con mujeres, sino también de mejorar su calidad de vida en general. «Me ha dado confianza, no sólo con las chicas, sino en muchos aspectos de mi vida», dice un profesional de ese arte. Incluso Strauss, autor de un artículo publicado en The New York Times, se ha convencido de lo mismo. Durante los dos años que investigó la subcultura de la seducción para un libro titulado The Game (El Método), que publicará Harper Collins este otoño, Strauss se ha convertido en uno de los miembros más destacados de la comunidad. Como los otros PUA, emplea términos semejantes que le reconocen al método Mystery la elevación de la autoestima. Dice Strauss: «Ha revolucionado mi vida».

 

Sin embargo, esa nueva confianza no significa que esos hombres estén dispuestos a revelar ante el mundo su estatus de PUA. Los estudiantes y pares son igualmente contrarios a hablar si no es desde el anonimato absoluto. Hasta Strauss parece reacio a admitir su talla en esa subcultura, a tal punto que se niega a contarle a los foráneos el nombre de PUA con que se lo conoce (y que según Ross Jeffries es Style). Un PUA me pidió no sólo que mantuviera su nombre en secreto, sino que me abstuviera de revelar su ocupación, edad, ciudad de origen o cualquier pormenor respecto a su apariencia. Cuando se le preguntó por qué, la respuesta rayó en el pánico. «No está en la onda», respondió el hombre, quien luego me envió un mensaje de correo electrónico para pedir que también mantuviera en secreto la solicitud que me había hecho.

 

Según el artículo de Strauss, Mystery nació como «Eric von Markovic».

Eso se aproxima al nombre de nacimiento de Mystery que era Eric James Horvat-Markovik, pero al cumplir los veinte años, lo cambió legalmente por el de Eric von Markovik. Dice tener veintisiete, pero en realidad tiene treinta y dos años. Y su vida ha sido bastante menos glamurosa que la leyenda que ha creado en torno a él.

 

Mystery creció en la zona de clase media baja de Jane y Eglinton, en Toronto, y asistió al Martingrove Collegiate Institute vecino. El padre, ya desaparecido, era un vendedor de bielas de soldadura y la madre, una empleada de oficina. «Era un chico tímido y retraído», dice el hermano mayor, Rolf Jr. «Un fanático de la informática; se pasaba el tiempo leyendo o en la Commodore Vic-20». Al chico que se convertiría en Mystery le gustaba mucho desarmar tanto aparatos electrónicos como cochecitos de control remoto, «rediseñarlos con otra ingeniería»: un método para determinar cómo funciona una cosa. También luchó con monstruos en las catacumbas imaginarias del juego de rol Dragones y Mazmorras.

 

Cuando tenía doce años, el padre, Rolf, sufrió un derrame cerebral. Según Rolf Jr., eso alteró profundamente la personalidad del patriarca Horvat-Markovic. «Antes (mi padre) no comía golosinas, pero después del ataque, se hizo adicto al helado… El que volvió no era mi padre. El tipo nuevo era un cascarrabias malhumorado». Y Mystery no se llevaba bien con él. «Llegó un punto en que no se gustaban el uno al otro», dice Rolf Jr. «No se podían sentar a la misma mesa; si a Erik le parecía que había algo que lo volvía loco a mi padre, entonces iba y lo hacía».

 

Poco después de la enfermedad de su padre, Mystery descubrió la magia; ella le proporcionó una forma de cosechar la aprobación de los demás que su padre le negaba. Su hermano dice: «La magia le permitió elevar su autoestima». Señalando a David Copperfield como principal influencia, el ilusionista bisoño ejecutaba trucos para sus hermanos, pero con el transcurso de los años el hermano y la hermana se cansaron del papel de eterno público de Mystery. Sin embargo, cuando el adolescente Mystery ganó un puesto como finalista de una prueba de talentos en la Canadian National Exhibition la familia aceptó asistir al gran acontecimiento. El clímax de la función era un truco de ilusionismo que requería que Mystery sacara, aparentemente de la nada, una paloma que tenía que salir volando, pero cuando la sacó, el ave cayó al escenario con un golpe, justo delante del jurado. Se hizo un silencio ya que los magos, el público y los jueces se dieron cuenta de lo que había sucedido: el ave había muerto en el lugar en el que Mystery la tenía encerrada… tal vez ahogada, según Rolf Jr. «Estaba parado allí en el escenario como un ciervo cegado por las luces de un coche… No hace falta decir que no ganó».

 

El ilusionista aficionado anotó la experiencia a la cuenta de la mala suerte. Sin amilanarse en la búsqueda de atención, Mystery, que ahora tenía diecinueve años, se aventuró a entrar en los bares y salas vip de Toronto donde los aburridos bebedores se sentían complacidos en presenciar sus actos de levitación y percepción extrasensorial. Rolf Jr. explica: «Los clubes nocturnos se convirtieron en un escenario para que él actuara, donde las personas realmente lo miraban». Mystery tenía talento, y algunos gerentes empezaron a pagarle para que deambulara por sus clubes y ejecutara sus trucos. En consecuencia, Mystery se hizo experto en congraciarse con la gente. «Mi trabajo consistía en acercarme a los grupos de gente de los clubes», recuerda. «Así fue como aprendí a interactuar con los demás, pues podía esconderme en la magia».

 

Mystery también descubrió algo más: sus maniobras de vez en cuando lo ayudaban a conquistar chicas, con las que antes había tenido dificultad para relacionarse. Cuando no lograba entablar conversación con una mujer, empleaba su poder de deducción para analizar lo que había sucedido, desmontando y analizando los encuentros de la misma forma en que había estudiado alguna vez los coches de control remoto. A medida que se desarrollaba su destreza para la magia, también avanzaba en la técnica de atracción. Lejos de la torpeza de la adolescencia, maduraba como hombre con una habilidad especial para atraer a las mujeres. Su hermano recuerda cómo competían Mystery y una amiga suya en salones y clubes nocturnos para ver cuál de los dos era el primero en «darse el lote» con un atractivo desconocido. Al principio, ganaba la amiga, pero finalmente Mystery se hizo tan experto en el ligue que la amiga dejó de competir. «Era notable. Podía entrar en cualquier club y hacer lo que quisiera», dice Rolf Jr.

 

En el 2000, además de colocar una copiosa cantidad de mensajes en Internet para la «comunidad de la seducción» on-line, Mystery dice que por lo general sacaba  1.500 dólares por cada función nocturna de magia en eventos empresariales. También aparecía junto a Mike Bullard en el programa de entrevistas de la noche de CTV, Open Mike. Pero para tener verdadero éxito como mago, era conciente de que tenía que darse a conocer en los Estados Unidos. Entonces se trasladó a Los Ángeles, donde pasó más de un año tratando de meterse en un especial de televisión que exhibiera sus habilidades de prestidigitador. Cuando nada de eso se materializó y se quedó sin dinero, regresó a Toronto y allí descubrió que ya no podía conseguir los convenios corporativos en los que había fundado su estilo de vida. Quebrado a los veintinueve años, Mystery vivía con su hermano e intentó sacar partido de su otra capacidad. Envió un anuncio al grupo de noticias de seducción, del que había sido un líder renombrado durante tres años. «El maestro de los artistas del ligue Mystery ofrece “Talleres de entrenamiento básico de campo” en ciudades escogidas», comenzaba el anuncio, que continuaba con una descripción de un curso intensivo que tendría lugar principalmente en clubes.

 

Era un intento desesperado de ganar dinero. Funcionó. Un taller de cuatro días en Toronto lo llevó a otro en Montreal. Pronto Mystery comercializó sus clases educativas mediante los grupos y discusiones frecuentados on-line por la «comunidad de la seducción». A medida que pasaban los meses y la voz se propagaba, Mystery alternaba entre Nueva York y Los Ángeles, donde sus seminarios de dos días atraían a decenas de personas.

  

Extraído de Saturday Night Magazine